Una vez más (para variar) os pido disculpas por tanto retraso. Estoy enfrascado en la continuación de Drakonis y estudiando para los examenes de Diciembre, por lo que se me ha retrasado y aún creo que tardare bastante más. Por lo que me he decidido a escribir una pequeña serie de relatos cortos que narrarán el transfondo y la historia de uno de mis personajes de Warhammer el juego de rol y modelismo.
Como no va a ser el único relato relacionado con el juego o su historia, he creado una nueva categoría. Se que no es mucho, pero tengo la intención de continuarlo pronto. Así que esta semana que viene procuraré actualizar denuevo.
¡Espero que os guste! y os insto a comentar todos los fallos que encontreis o las cosas que más os hayan gustado. ¡Gracias y suerte!
El noble sacerdote de Sigmar, Günther Von Gotland, avanzó con paso firme, hacia la hacienda de una familia de adinerados terratenientes en las tierras de Norsca. Como territorio cercano a las estepas dominadas por los terribles y despiadados bárbaros del caos, Gotland era un territorio oscuro y lúgubre, y sus gentes rozaban la paranoia con sus temores y supersticiones, por lo que el experimentado guerrero hacía poco caso a las acusaciones que los campesinos se hacían entre ellos. Muchas tenían su razón, y sin duda los infieles perros traidores eran castigados por sus pecados.
Sin embargo, otras veces, que resultaban ser la mayoría, las acusaciones de adoradores del caos, brujas y demás estaba únicamente movidas por deseos de venganza, envidias o disputas económicas o territoriales.
En cuanto la masa de siervos y campesinos de la hacienda de los Müller irrumpieron en las puertas de la ciudad, la guardia de Gotland corrió en busca del famoso sacerdote en pos de su consejo. Y aunque a Günther le hacía poca gracia tener que volver a escuchar los desvaríos de los paranoicos campesinos, se apresuró al escuchar la urgencia con la que lo instaban los guardias a prepararse y acompañarles.
Günther se personó ante los aterrorizados fugitivos, convencidos de que era una estratagema para vengarse de sus amos, pues hacía dos días había estado en casa de los poderosos terratenientes, quienes lo atendieron con mucha hospitalidad y le mostraron como la cosecha estaba a punto de completarse.
“El grano estará almacenado y preparado para su envío a Altdorf esta misma semana cuando la luna nueva llegue a su máximo apogeo.” Había dicho John Müller al sacerdote, mientras su mujer Margaret cuidaba al pequeño Rowan que lloraba desconsolado.
Günther recordó entonces que le había parecido escuchar golpes cuando la madre se retiró a “dar de comer” a su bebé, y sospechó que aquel recuerdo desvelaba algo de verdad en las acusaciones de estas gentes que lloraban y gritaban desconsolados.
Según los campesinos, sus señores habían enloquecido. Había hecho llamar a los más jóvenes de sus sirvientes aquel mediodía y habían enviado a todos los demás a los campos del norte, la zona más alejada de la hacienda. Al volver, fue total su desconcierto y su pánico, cuando observaron atónitos e impotentes como sus seres queridos colgaban en picas sobre las montañas de paja que se amontonaban en ocho puntos alrededor de la casa.
Sin dudar ni un segundo, las desesperadas familias corrieron campo através en dirección a la fortaleza de Gotland, para sorpresa y alegría de los lobos y demás fieras que poblaban los oscuros bosques. Muchos desaparecieron en la carrera y los pocos supervivientes que habían llegado estaban desfallecidos y exhaustos.
El comandante imperial Stefan Engels reunió rápidamente un grupo de fieles soldados y los dispuso a las afueras del castillo. Y así cuatro escuadras compuestas por arcabuceros, lanceros, espadachines y alabarderos marcharon aquella noche funesta, liderados por Günther y Stefan, para castigar y purificar las tierras del emperador, pues todo traidor al Emperador debía ser juzgado.
Mas ninguno de ellos pudo sospechar lo que allí encontrarían, pues la noche deparó muchas sorpresas a los hijos del Sigmar.