Bueno, aquí está por fin la segunda parte de este relato. Aun queda una tercera que ,espero, será la última. Pero si se me alarga mucho la cortaré y prepararé una cuarta.
Espero que os guste y si veis algun fallo o quereis matizar, criticar, corregir o comentar algo, no dudeis en hacerlo porfavor.
¡Mucha suerte y hasta pronto!
La comitiva de soldados imperiales cruzo los bosques sin mayores incidentes. Las bestias salvajes se apartaban a su paso, pues no eran tan ilusas como para arriesgarse a un combate contra tantos humanos bien armados.
El ambiente estaba realmente cargado. Una espesa niebla se había ido levantando con cada paso que daban, lo cual atemorizaba a los supersticiosos soldados. Mas el poderoso paladín del dios humano Sigmar avanzaba al frente y parecía brillar con luz propia. Era como un faro para los débiles corazones de los guerreros.
Junto a Günther avanzaba el noble comandante Stefan Engels, cabalgando a lomos de su poderoso corcel blanco, ataviado con la barda de los comandantes imperiales.
Tras varias horas de camino se comenzaron a vislumbrar a lo lejos, entre las grises nubes de niebla, varios puntos luminosos.
Aunque todos se alegraron al ver una luz al final del camino, su sorpresa fue total cuando dejaron el bosque y la niebla se dispersó. Ocho piras ardían con fuerza alrededor de la hacienda de los Müller, y en lo alto de cada una de ellas se izaban inertes los cuerpos de los jóvenes sirvientes de la familia.
Inconscientemente el sacerdote se llevó la mano a la boca, cubriéndola en un fútil intento de no percibir el hedor de la muerte que embriagaba aquel maldito lugar. Sus ojos observaron con detenimiento la desagradable imagen, reconociendo al instante el símbolo que se hallaba a sus pies: La estrella de ocho puntas el Caos marcada en la tierra con sangre, posiblemente la sangre de los pobres sirvientes sacrificados.
-Un sacrificio- dijo Günther al comandante de la guardia de Gotland.- Sin duda debemos apresurarnos. Roguemos a Sigmar para que no sea demasiado tarde.
-¡En formación soldados del Emperador! – Grito Stefan a sus soldados tras asentir al escuchar al sacerdote.
En cuestión de segundos las cuatro escuadras estaban preparadas y listas para avanzar. Al frente los lanceros y alabarderos, cubriendo a los arcabuceros que los seguían de cerca; y protegiendo la retaguardia los espadachines imperiales. El sacerdote guerrero marchó al frente, mientras el comandante Engels sacó su famoso rifle y se unió a la fila de arcabuceros, montado aún en su flamante corcel imperial.
-¡No tengáis miedo hijos de Sigmar!-comenzó a gritar el Günther- ¡La sombra se alza ante nosotros y hemos sido bendecidos con el sagrado deber de erradicar su presencia en estas tierras! ¡Ahora, orad todos conmigo!
Tras arrodillarse y entonar algunos versos de su libro sagrado, el poderoso sacerdote aprestó su martillo de guerra y avanzó con paso firme, seguido de sus valientes soldados.
Todo parecía tranquilo, tal vez demasiado… Con paso ligero se adentraron en la estrella del caos que marcaba el suelo. Fue entonces cuando los gritos de alarma hicieron que todos girasen a sus espaldas, pues el capitán de los espadachines gritaba ordenando la formación para hacer frente a la nueva amenaza
Un numeroso grupo de bárbaros del caos comenzó a salir de la frondosa maleza y hostigaban a los soldados con sus afiladas hachas arrojadizas mientras se aproximaban.
Stefan ordenó a sus arcabuceros que girasen y pronto el estallar de los rifles llenó el aire, arrancando gemidos de dolor a los desdichados bárbaros que avanzaban en primera línea.
Sin embargo, lejos estaba la batalla de haber concluido. Alrededor de la casa se alzaron llamas rojas y de ellas surgieron cuatro demonios astados, portando unas enormes hachas y con símbolos del dios oscuro Khorne marcando y decorando sus cuerpos. Sus rugidos sedientos de sangre alertaron al sacerdote, que se dispuso enseguida a cargar contra el más cercano de ellos. Mas los alabarderos y lanceros tardaron unos segundos cruciales en reaccionar; momento que aprovecharon los demonios para saltar sobre ellos y abatir a varios en un par de poderosos hachazos.
Stefan observó horrorizado la carnicería en los alrededores de la casa, mas los bárbaros no cejaban en su ataque, y ya había perdido dos arcabuceros y cuatro espadachines. Impotente, apuntó con su rifle y derribó a un siervo del caos especialmente grande que se había intentado aproximar por su flanco.
Günther derribó finalmente al demonio, justo a tiempo para girarse y bloquear el hachazo de la segunda bestia que se acercó por su espalda. Las dos armas chirriaron y vibraron con el golpe. Los dos contendientes sostenían con fuerza, intentando no dar su brazo a torcer, pero el sacerdote apreció un movimiento tras él y supo que su primer enemigo aún seguía con vida. Con una fínta, aprovechó la fuerza del demonio e hizo girar ambas armas hacia la derecha. El desconcertado ser no puedo más que enfurecerse cuando su inercia lo llevó a golpear a su hermano demonio en la cabeza, justo cuando éste se levantaba y recogía su arma, cercenándola de un tajo.
Con un aullido de furia el demonio intentó llamar a sus hermanos para que le ayudasen a acabar con el poderoso sacerdote, sin embargo, las dos escuadras imperiales los habían conseguido reducir, no sin pagar un alto precio a cambio, pues más de la mitad habían caído a manos de las hachas o las fauces de aquellas terribles criaturas.
El siervo de Sigmar no dio tregua a la bestia y arremetió con su martillo contra él. El hacha osciló con rapidez deteniendo el ataque y desviándolo, para descender mortalmente sobre la cabeza del humano. Mas Günther estaba preparado y de un salto se alejó de su contrincante, evitando el terrible hachazo, y sin dilación descargó un potente golpe contra las costillas desprotegidas del demonio. El aullido de dolor casi ocultó el crujido de las costillas al romperse, mas el golpe fue tan fuerte que la bestia infernal calló de lado contra el embarrado suelo. Un espesa capa de sangre y tierra se adhirió a su cara mientras giraba para dirigir a su enemigo una mirada cargada de odio, pero su rostro solo encontró la cabeza del martillo que se cernió sobre él con tanta fuerza que lo aplastó con una facilidad increíble.
Los gritos de júbilo de los soldados duraron poco, pues Günther les ordeno volver a formar y avanzar a la retaguardia, pues los bárbaros del caos ganaban más y más terreno, y sus hermanos necesitaban ayuda. En un momento, las reducidas escuadras se encontraban junto a los espadachines, combatiendo contra los feroces hombres de las tierras del norte.
Stefan se alegró de recibir estos inesperados refuerzos, pues solo podía significar que los demonios habían sido derrotados. Sin embargo, al no distinguir a Günther entre la muchedumbre, un miedo le heló la espina dorsal, pues apreciaba mucho al guerrero y sabía que sus bendiciones eran algo que podía decidir la victoria o la derrota en aquella batalla.
Una vez más su rifle resonó y derribó a un bárbaro que lanzaba hachas desde la maleza y, en los pocos segundos que tardó en volverlo a cargar, observó a reojo hacia la casa, a tiempo para ver como el sacerdote entraba por la puerta principal de la hacienda de los Müller. El miedo se disipó y una sonrisa confiada se dibujó en su rostro.
-Que Sigmar te bendiga amigo mío- susurró el comandante imperial al tiempo que disparaba, pero un hacha le golpeó en el hombro con tal fuerza que lo lanzó de espaldas y lo hizo caer de su montura.
El barro pareció amortiguar la caída, mas un terrible crujido hizo que los soldados que se encontraban más cerca de el se alertasen y corriesen en su auxilio.
Edu, queridisimo Amigo
As nacido con la gracia de la escritura, por tu pluma corre un torrente de sensibilidad pura y luminosa desde la esencia de la vida y el amor universal fuente de creacion.
Es una gran suerte tenerte a nuestro lado para que plasmes esos mundos que tantas personas llevan en si.
Tus descripciones de la naturaleza, sus elementos y forma de vida son de una gran delicadez, envuelta de ternura, belleza y amor.
Sigue escribiendo en toda libertad desde tu alma.
Y sobre todo no dejes tus cuentos en el pc, ya sabes lo patoso que eres para bloquear y borrar tu disco duro, seria una falta imperdonable….
Papel y pluma son tus herramientas para delectarnos de tus escritos.
Te sigo desde hace un tiempo… Que sepas …. me ha costado mucho no empezar diciendo Hola Egdris xD jejejejje!
Un abrazo enormes y felicitaciones por tu obra (de eso trata de un obra brillante).
Ailehnai no deja de sonreir a traves de mi…
En cuanto tenga mi dragona sera maravilloso surcar los cielos en compania de Egdris!!!
Sigue disfrutando de tus inspiraciones, estamos dichosos y impaciente en leer mas y mas…
Smuakisss!!